Al leer este titular estamos seguros de que muchos de vosotros estaréis pensando: “¡Yo también quiero!”. Envidiable, y encomiable. Porque no es un recorrido fácil. Y así nos lo cuenta Ernesto Huete en la entrevista que ha dedicado a nuestros alumnos de Sabeer Sommelier. Esfuerzo, tenacidad, ilusión, ganas de hacer las cosas de forma diferente, aprendiendo de los éxitos y también de los grandes fracasos. Esta microcervecera fue de las primeras en implementar el sistema de “Gipsy Brewing”, ya existente en otros países, pero prácticamente desconocido en España cuando arranca el equipo de Yria en 2010. Este método consiste en alquilar las instalaciones de otras cerveceras para ser capaces de elaborar tu propio producto y distribuirlo, sin realizar la gran inversión que supone tener maquinaria propia. Y tiene grandes ventajas, como lo es la colaboración entre distintos cerveceros compartiendo ideas, aprendizajes, y obteniendo importantes sinergias.

Yria es una cervecera inquieta, pequeña, independiente, al margen de modas y mercados, creativa, con una marcada orientación a la innovación. “Cervezas extremas, bebibles, ácidas, antiguas, modernas, estilos olvidados…” esa es la filosofía de Yria y lo que les diferencia.

A continuación tenéis la presentación que Ernesto nos hace de su cervecera. No os perdáis el tip final, porque encierra una gran sabiduría. ¡Muchas gracias Ernesto por tu colaboración!

¿Por qué te hiciste cervecero?

Siempre he trabajado dentro del mundo de la industria alimentaria. Mi intención era ser enólogo, y para ello estudié después de acabar la carrera de Química especialidad «Tecnología de alimentos». Hice mi postgrado en Gante (Bélgica), y allí descubrí el mundo de la cerveza y de los que la fabricaban en casa. Una vez en España arrancamos Ani y yo a hacer cerveza primero con kits, luego con grano… hasta que se instaló en nuestra cabeza hacer de nuestra pasión una forma de vida.

¿Cuál dirías que es el sello personal de tu cervecera?

Es difícil decirlo, pero subrayaría el concepto de independencia. Siempre he creado mis cervezas muy al margen de modas y mercados, lo cual ha hecho muy difícil rentabilizar la marca, pero me ha mantenido con la ilusión intacta. Ser distribuidores nos ha ayudado a mantener esa cierta libertad creativa en la que nunca nos hemos puesto límites. Hemos hecho cosas muy bizarras, en el pasado sobre todo, grandes éxitos y grandes fracasos. Además, creo que hemos demostrado con el tiempo que nos ha gustado ser agitadores del mercado, involucrándonos en cualquier evento, feria u organización que se nos hubiera puesto a tiro.

Cuéntanos un poco la historia de la fábrica.

En 2010 arrancamos con muchas ideas y muy pocos recursos. Fue entonces cuando quisimos hacer algo bastante desconocido en España, como es ser cerveceros nómadas. Yakka y alguno más ya estaban por entonces con el mismo proyecto en la mente. Después de llamar a algunas cerveceras sin éxito, al final la gente de Tyris nos acogió y arrancamos el primer lote de nuestra golden ale, que seguimos fabricando aún. Después de pasar por Sagra, Domus, Guineu y otras fábricas, decidimos montar nuestro propio equipo, en Noblejas. Gracias a su alcalde que nos cedió un espacio, y gracias a la colaboración de nuestro gran amigo Jesús (Medina) y después Julián (el Oso y el Cuervo) compartimos conocimientos, equipo y espacio, y se generó un gran ambiente de investigación y hermanamiento. Cuando la cesión del espacio se agotó, volvimos a ser nómadas, pero de una manera diferente. Participamos como inversores en el nuevo proyecto de Yakka (ya ves que nuestras carreras han sido paralelas) y ahora somos pequeños propietarios de la fábrica restaurante de Murcia, mientras seguimos creando en casa de otros. En este tiempo hemos tenido oportunidad de fabricar dentro y fuera de España, lo que ha sido muy positivo como experiencia vital. Desde 2012 arrancamos a distribuir cerveceras nacionales primero, y luego de importación, lo que nos ha permitido hacer nuestro pequeño proyecto viable hasta hoy, con las dificultades que entraña este mercado. En 2015 creamos Chinaski Lavapiés junto a Antonio Cortés, y hace un mes hemos abierto nuestro propio taproom en Valdemoro, para tener un lugar propio donde mostrar nuestra marca. Hemos creado, también un proyecto paralelo apasionante con Sackman, donde estamos creando junto a otro socio una línea de destilados divertida y pequeña.

¿Cuántos estilos estáis trabajando hoy?

Tenemos una línea base de unos 6, aunque hemos fabricado infinidad de tiradas únicas, colaboraciones y pequeñas rarezas. Además fabricamos desde este año una línea de sidras. También hemos fabricado siempre hidromieles, que nos apasionan aunque tienen un mercado muy reducido, casi es más una diversión que un negocio. En Sackman tenemos 2 referencias de whisky, una crema de cerveza, dos destilados de cerveza y una serie de cócteles envasados.

¿Qué es lo más importante que has aprendido en todo este tiempo haciendo cerveza?

Lo más importante, que las cosas requieren su tiempo – la levadura no entiende de prisas – y a respetar y a aprender de todo tipo de personas de todos los sitios. También todos los peligros y alegrías de ser pequeños empresarios, algo para lo que no estábamos preparados en absoluto.

Tip de maestro cervecero.

Solo uno. No tengan complejos ni prejuicios. No hay cerveza artesana ni industrial, normal ni rara. La hay buena y la hay menos buena, e incluso en eso hay un componente muy grande de subjetividad. Prueben todo lo que puedan, olvídense de la marca que lo fabrica y, sobre todo, no olviden disfrutar. No puede estar siempre analizándose todo. Por último, importante para un prescriptor, respeten al cliente, sepa mucho o no sepa nada.

Toda a información sobre la 2ª edición de nuestro curso Sabeer Sommelier aquí. Matrícula abierta. Comienzo 20 de octubre.

Al leer este titular estamos seguros de que muchos de vosotros estaréis pensando: “¡Yo también quiero!”. Envidiable, y encomiable. Porque no es un recorrido fácil. Y así nos lo cuenta Ernesto Huete en la entrevista que ha dedicado a nuestros alumnos de Sabeer Sommelier. Esfuerzo, tenacidad, ilusión, ganas de hacer las cosas de forma diferente, aprendiendo de los éxitos y también de los grandes fracasos. Esta microcervecera fue de las primeras en implementar el sistema de “Gipsy Brewing”, ya existente en otros países, pero prácticamente desconocido en España cuando arranca el equipo de Yria en 2010. Este método consiste en alquilar las instalaciones de otras cerveceras para ser capaces de elaborar tu propio producto y distribuirlo, sin realizar la gran inversión que supone tener maquinaria propia. Y tiene grandes ventajas, como lo es la colaboración entre distintos cerveceros compartiendo ideas, aprendizajes, y obteniendo importantes sinergias.

Yria es una cervecera inquieta, pequeña, independiente, al margen de modas y mercados, creativa, con una marcada orientación a la innovación. “Cervezas extremas, bebibles, ácidas, antiguas, modernas, estilos olvidados…” esa es la filosofía de Yria y lo que les diferencia.

A continuación tenéis la presentación que Ernesto nos hace de su cervecera. No os perdáis el tip final, porque encierra una gran sabiduría. ¡Muchas gracias Ernesto por tu colaboración!

¿Por qué te hiciste cervecero?

Siempre he trabajado dentro del mundo de la industria alimentaria. Mi intención era ser enólogo, y para ello estudié después de acabar la carrera de Química especialidad «Tecnología de alimentos». Hice mi postgrado en Gante (Bélgica), y allí descubrí el mundo de la cerveza y de los que la fabricaban en casa. Una vez en España arrancamos Ani y yo a hacer cerveza primero con kits, luego con grano… hasta que se instaló en nuestra cabeza hacer de nuestra pasión una forma de vida.

¿Cuál dirías que es el sello personal de tu cervecera?

Es difícil decirlo, pero subrayaría el concepto de independencia. Siempre he creado mis cervezas muy al margen de modas y mercados, lo cual ha hecho muy difícil rentabilizar la marca, pero me ha mantenido con la ilusión intacta. Ser distribuidores nos ha ayudado a mantener esa cierta libertad creativa en la que nunca nos hemos puesto límites. Hemos hecho cosas muy bizarras, en el pasado sobre todo, grandes éxitos y grandes fracasos. Además, creo que hemos demostrado con el tiempo que nos ha gustado ser agitadores del mercado, involucrándonos en cualquier evento, feria u organización que se nos hubiera puesto a tiro.

Cuéntanos un poco la historia de la fábrica.

En 2010 arrancamos con muchas ideas y muy pocos recursos. Fue entonces cuando quisimos hacer algo bastante desconocido en España, como es ser cerveceros nómadas. Yakka y alguno más ya estaban por entonces con el mismo proyecto en la mente. Después de llamar a algunas cerveceras sin éxito, al final la gente de Tyris nos acogió y arrancamos el primer lote de nuestra golden ale, que seguimos fabricando aún. Después de pasar por Sagra, Domus, Guineu y otras fábricas, decidimos montar nuestro propio equipo, en Noblejas. Gracias a su alcalde que nos cedió un espacio, y gracias a la colaboración de nuestro gran amigo Jesús (Medina) y después Julián (el Oso y el Cuervo) compartimos conocimientos, equipo y espacio, y se generó un gran ambiente de investigación y hermanamiento. Cuando la cesión del espacio se agotó, volvimos a ser nómadas, pero de una manera diferente. Participamos como inversores en el nuevo proyecto de Yakka (ya ves que nuestras carreras han sido paralelas) y ahora somos pequeños propietarios de la fábrica restaurante de Murcia, mientras seguimos creando en casa de otros. En este tiempo hemos tenido oportunidad de fabricar dentro y fuera de España, lo que ha sido muy positivo como experiencia vital. Desde 2012 arrancamos a distribuir cerveceras nacionales primero, y luego de importación, lo que nos ha permitido hacer nuestro pequeño proyecto viable hasta hoy, con las dificultades que entraña este mercado. En 2015 creamos Chinaski Lavapiés junto a Antonio Cortés, y hace un mes hemos abierto nuestro propio taproom en Valdemoro, para tener un lugar propio donde mostrar nuestra marca. Hemos creado, también un proyecto paralelo apasionante con Sackman, donde estamos creando junto a otro socio una línea de destilados divertida y pequeña.

¿Cuántos estilos estáis trabajando hoy?

Tenemos una línea base de unos 6, aunque hemos fabricado infinidad de tiradas únicas, colaboraciones y pequeñas rarezas. Además fabricamos desde este año una línea de sidras. También hemos fabricado siempre hidromieles, que nos apasionan aunque tienen un mercado muy reducido, casi es más una diversión que un negocio. En Sackman tenemos 2 referencias de whisky, una crema de cerveza, dos destilados de cerveza y una serie de cócteles envasados.

¿Qué es lo más importante que has aprendido en todo este tiempo haciendo cerveza?

Lo más importante, que las cosas requieren su tiempo – la levadura no entiende de prisas – y a respetar y a aprender de todo tipo de personas de todos los sitios. También todos los peligros y alegrías de ser pequeños empresarios, algo para lo que no estábamos preparados en absoluto.

Tip de maestro cervecero.

Solo uno. No tengan complejos ni prejuicios. No hay cerveza artesana ni industrial, normal ni rara. La hay buena y la hay menos buena, e incluso en eso hay un componente muy grande de subjetividad. Prueben todo lo que puedan, olvídense de la marca que lo fabrica y, sobre todo, no olviden disfrutar. No puede estar siempre analizándose todo. Por último, importante para un prescriptor, respeten al cliente, sepa mucho o no sepa nada.

Toda a información sobre la 2ª edición de nuestro curso Sabeer Sommelier aquí. Matrícula abierta. Comienzo 20 de octubre.

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